Parece como si me hubiese secado,
mi raíz no encuentra alimento en esta tierra mía,
baldía de amor, de la que esperaba tanto.
Aquí proliferan la avidez y el egoísmo
como marea negra destructiva
por los ahora infartados capilares de la vida.
Parece como si me hubiesen amputado
de aquella mar y aquellos vientos
que llenaban de palabras los senderos,
que aplacaban la nostalgia en un verso cálido
tantas veces como pudieran llorarlo mis ojos.
Pero no, no estoy seco, mi raíz sigue activa,
solo que ahora rebroto derramando mis latidos
sobre la que aprende entre mis brazos,
sin tasar la cantidad de amor
que soy capaz de darle en un segundo.
Segundo de la vida que desaparece al instante,
apenas en el tiempo de un nuevo gesto suyo,
en el de una sonrisa, en el de una torpe palabra,
apenas en el tiempo en que se piensa un verso
que no se escribe y que se olvida para siempre.
Así se va la vida ahora, rápida e intensa,
llena, llena de amor... Llena de olvido.
© Leopoldo Espínola Guzmán, marzo 2012
