Todo es
cielo desde el color azul.
El mar
puede ser cielo en lo lejano.
En lo
lejano la nube es
la espuma
de la ola que muere.
Puede el
horizonte dejar de ser cielo
para que
el cielo sea mar
y la
línea de lo lejano borrada.
Puede el
horizonte dejar de ser mar
y el mar
tornará a cielo en la mirada,
y el iris
azul como el mar será cielo.
Bastará la nube en la cresta de la ola,
un velero
errante en lo lejano
o la
estela nocturna de la Luna
en la
oscuridad del cielo eclipsado.
El
horizonte, como el pez volador,
marcará
sus lindes en el color azul
y en la
esfera infinita el agua y el día.
Todo es
cielo desde el color negro.
La noche puede ser mar en una mirada,
en la
profundidad del pensamiento
oculto tras los visillos
de una
lóbrega pupila en silencio.
La
oscuridad será mar y cielo
y la
línea de lo lejano será de seda cárdena.
No habrá frontera alguna a las estrellas.
No habrá
horizonte marcando lindes
a los afligidos ojos navegantes de la noche,
ni veleros errantes como peces voladores
vadeando
el profundo mar del pensamiento.
Leopoldo F. Espínola, octubre 2011

Bonita composición la que consigues con el juego de esos dos colores tan próximos entre sí. Enhorabuena.
ResponderSuprimirPor cierto, al mirar tu entrada desde Google Reader le da una forma tan curiosa que no deja de llamar la atención -al menos a mí me ha ocurrido.
Un saludo