que se afana, enredado en la arboleda,
en su álgida cruzada gris de invierno,
tejiendo parvas de hojarasca seca.
Me gusta dar mis horas al silencio
frente al sol que se gasta en acuarelas,
dejar, mas no son de volar mis miembros,
que al poniente se funda mi alma inquieta.
Me gusta dejarlo ondear, en su anhelo,
a mi torso, complicar mi cabellera,
y ahí, mi pensar, mi fiel compañero,
sujeto por las manos a mis letras.
Un final sencillamente espectacular.
ResponderSuprimirBonita sensación ¿ no crees ?.
ResponderSuprimirMe gustaba más tu patio anterior, primitivo, de pueblo, con esa entrada hermosa.
Oleremos las rosas, si así lo deseas Leo; besos.
Precioso, a mi me encanta, huele a jazmín.
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